El pasado día en clase razonábamos por qué las obras de arte llegan a valorarse tanto y adquieren esos precios astronómicos; si es preferible la copia o el original. Nosotros debatíamos si un Van Gogh realmente vale lo que se pide por él, pero a mí me resulta más interesante que en Japón la ropa interior femenina sea considerada una verdadera joya de coleccionista.

El
burusera, término acuñado por los nipones para referirse al mercado de compra-venta de bragas usadas por adolescentes en Japón. La palabra japonesa deriva del cruce entre las palabras inglesas
bloomer, abreviada en japonés como
buru, que es el nombre que recibe el pantalón corto utilizado para las clases de educación física en Japón, y
sailor suit, abreviado en japonés como
sera, que hace referencia a los uniformes típicos de las colegialas japonesas. ¿Cuánto se puede llegar a pagar por unas bragas usadas? Entre unos 40 y 50 euros, pero también se cotizan a la alza los pantalones de uniforme de los colegios más prestigiosos de Japón, llegándose a pagar por ellos entre 400 y 500 euros. La cuantía varía en función de varios factores, como por ejemplo el flujo vaginal segregado o el olor impregnado en la prenda. Cuantos más días haya llevado la chica las bragas, mejor (se supone claro, para aquéllos interesados en la compra de dicha prenda). Pero ojo, que el paquete lleva también una fotografía de la susodicha. Vamos, que este pack podría tener la misma utilidad que aquí la revista
Interview, pero con la diferencia de que la publicación todavía no regala una muestra de la fragancia que tanto ansían los fetichistas japoneses.
De la misma forma que el deseo de poseer el original de una obra, la posesión y compra de unas bragas usadas me parece una actuación puramente fetichista. ¿Por qué no conformarse con comprar unas bragas nuevas en Oysho? Cada uno que haga lo que quiera: quien quiera colgarse un póster en su habitación, que lo haga; quien quiera colgarse unas bragas, también. Se trata de un espacio de intimidad, ¿pero es necesario recurrir a fomentar esta especie de mercado negro con menores japonesas? Cierto es que la mayoría de colegialas que participan de este círculo vicioso pertenecen a una clase media-alta y precisamente lo hacen porque no les basta la paga que les dan papá y mamá. Evidentemente, las niñas comodonas quieren más, es dinero fácil. Tan fácil que para todavía aumentar las ganancias han creado un contacto más directo con el cliente, evitando así acudir a los pisos clandestinos donde tiene lugar este negocio. Estos verdaderos museos han dejado de ser un atractivo para estas dulces niñas. Ellas ven mejor oportunidad crear un contacto por web vía móvil con el cliente, tener un contacto visual directo con el fetichista e incluso, conceder citas. Respecto a esto último, ya estaríamos hablando de un inicio de prostitución de lujo.
Y a todo esto, ¿a qué viene todo este fetichismo? Es sabido que en Japón no existen los tabúes que nosotros tenemos hacia el sexo. Uniformes de colegialas, ropa
anime, comics, Manga, dibujos animados… Sin ir más lejos, las bragas de Rosita traían loco a
Chicho Terremoto. Y de las que hemos sufrido el uniforme en nuestro periodo escolástico, ¿cuántos graciosos se dedicaban a levantar la falda cada dos por tres? ¿Cuántos se ponían las botas en natación porque su gran fetiche eran los pies? Sí, todo esto es real y está a la orden del día. El que más y el que menos tiene un fetiche, venera o idolatra excesivamente. Lo que pasa es que cuando se trata de algo relacionado con el sexo, la gente se escandaliza. En definitiva creo que estas colegialas japonesas son víctimas de la cultura de su país, de una tremenda expansión del Manga y todo lo que conlleva, de una situación acomodada. En todo caso, si es que hay culpables en esta trama, serían los que están dispuestos a pagar tanto dinero y aprovecharse de la inconsciencia de las adolescentes. ¿Por qué no le roban las bragas a su hermana, a su prima o a su madre? Mucho más fácil y barato de conseguir. Y el gobierno japonés tampoco se ha molestado mucho en buscar una solución. En 1993 prohibió las máquinas expendedoras pero poco más. Supongo que es complicado cambiar la mentalidad de una sociedad así como así, porque el fetichismo es una práctica que inevitablemente va ligada a la cultura japonesa.
Por último, éste es un pequeño glosario con algunos términos del lenguaje específico que se utiliza para el fenómeno del burusera:
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Shitagi dorobo: robar ropa interior en lavanderías o tendederos.
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Burusera shops: máquinas expendedoras de ropa interior femenina usada. Éstas fueron ilegalizadas en 1993 en Tokio.
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Namasera: quitarse las bragas delante del vendedor en un piso clandestino.
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Panchira: visión fugaz de unas bragas, generalmente en escaleras mecánicas de estaciones de tren, de grandes almacenes
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kagaseya: cita concertada en cualquier local de karaoke quedar con un cliente en la que la chica deja que el cliente meta la cabeza entre sus piernas para que pueda aspirar sus olores íntimos.